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martes, 11 de junio de 2019

La acción del viejo rabino



El rabino Elimelekh había hecho una hermosa prédica y ahora volvía a tierra natal. Para homenajearlo y mostrar gratitud, los fieles decidieron seguir el carruaje de Elimelekh hasta que saliera de la ciudad.

En determinado momento el rabino paró el carruaje, le pidió al cochero que siguiera adelante sin él y pasó a acompañar al pueblo.

—Bello ejemplo de humildad, dijo uno de los hombres a su lado.
—No existe ninguna humildad en mi gesto, sino solamente un poco de inteligencia. Ustedes aquí afuera están haciendo ejercicio, cantando, bebiendo vino, confraternizando, conociendo nuevos amigos, y todo por causa de un viejo rabino que vino a hablar sobre el arte de la vida. Entonces dejemos que mis teorías sigan en ese carruaje, porque yo quiero participar de la acción, respondió Elimelekh. Í



miércoles, 5 de junio de 2019

Dormitando mientras se lee el Corán



Saadi de Shiraz contaba la siguiente historia:

“Cuando era niño yo solía rezar con mi padre, mis tíos y primos. Todas las noches nos juntábamos para escuchar un trozo del Corán.

"Una de esas noches, cuando mi tío leía, me di cuenta que la mayoría de los presentes estaba dormitando. Entonces le comenté a mi padre:
—Ninguno de estos dormilones es capaz de permanecer atento a las palabras del profeta. ¡Jamás llegarán a Dios!

"Y mi padre respondió:
—Hijo querido, busca tu camino con fe y deja que cada uno se preocupe de sí. Tal vez en sus sueños ellos están conversando con Dios. Para mí sería mil veces preferible que hubieras estado durmiendo con ellos a tener que escuchar este duro juicio y esta condena”.


jueves, 30 de mayo de 2019

¿Dónde Están las Manos de Dios?



Cuando observo el campo sin arar, cuando los aperos de labranza están olvidados, cuando la tierra está quebrada, me pregunto: ¿Dónde estarán las manos de Dios?

Cuando observo la injusticia, la corrupción, el que explota al débil; cuando veo al prepotente pedante enriquecerse del ignorante y del pobre, del obrero y del campesino carente de recursos para defender sus derechos, me pregunto: ¿Dónde estarán las manos de Dios?

Cuando contemplo a esta anciana olvidada, cuando su mirada es nostalgia y balbucea todavía algunas palabras de amor por el hijo que la abandonó, me pregunto: ¿Dónde estarán las manos de Dios?

Cuando veo al moribundo en su agonía llena de dolor, cuando observo a su pareja y a sus hijos deseando no verle sufrir; cuando el sufrimiento es intolerable y su lecho se convierte en un grito de súplica de paz, me pregunto: ¿Dónde estarán las manos de Dios?

Cuando miro a ese joven antes fuerte y decidido, ahora embrutecido por la droga y el alcohol, cuando veo titubeante lo que antes era una inteligencia brillante y ahora harapos sin rumbo ni destino, me pregunto: ¿Dónde estarán las manos de Dios?

Cuando a esa chiquilla, que debería soñar en fantasías, la veo arrastrar su existencia y en su rostro se refleja ya el hastío de vivir, y buscando sobrevivir se pinta la boca y se ciñe el vestido y sale a vender su cuerpo, me pregunto: ¿Dónde estarán las manos de Dios?

Cuando aquel pequeño a las tres de la madrugada me ofrece su periódico, su miserable cajita de dulces sin vender, cuando lo veo dormir en la puerta de un zaguán titiritando de frío, con unos cuantos periódicos que cubren su frágil cuerpecito, cuando su mirada me reclama una caricia, cuando lo veo sin esperanzas vagar con la única compañía de un perro callejero, me pregunto: ¿Dónde estarán las manos de Dios?

Y me enfrento a Él y le pregunto:

— ¿Dónde están tus manos, Señor?, para luchar por la justicia, para dar una caricia, un consuelo al abandonado, rescatar a la juventud de las drogas, dar amor y ternura a los olvidados.

Después de un largo silencio escuche su voz que me reclamó:

—No te das cuenta que tú eres mis manos, atrévete a usarlas para lo que fueron hechas, para dar amor y alcanzar estrellas.

Y comprendí que las manos de Dios somos "TÚ y YO", los que tenemos voluntad, el conocimiento y el coraje para luchar por un mundo más humano y justo, aquellos cuyos ideales sean tan altos que no puedan dejar de acudir a la llamada del destino, aquellos que, desafiando el dolor, la crítica y la blasfemia se reten a sí mismos para ser las manos de Dios.

—Señor, ahora me doy cuenta que mis manos están sin llenar, que no han dado lo que deberían dar, te pido perdón por el amor que me distes y que no he sabido compartir, las debo de usar para amar y conquistar la grandeza de la Creación.



martes, 21 de mayo de 2019

Grandes Charcos Fangosos



Cuando miro un bancal de dientes de león, veo un montón de maleza que se va a apoderar de mi solar. Mis niños ven flores para mami y soplan sobre la blanca pelusa en la que se puede hacer un deseo.

Cuando miro a un viejo borracho y él me sonríe, veo una persona maloliente, sucia, que quiere probablemente dinero y miro en otra dirección. Mis niños ven a alguien que les sonríe y ellos le responden sonriendo.

Cuando oigo música que me encanta, sé que no puedo llevar la melodía y no tengo mucho ritmo así que me siento cohibido y escucho. Mis niños sienten el ritmo y se mueven con él. Cantan las palabras. Si no las saben, inventan las propias.

Cuando siento el viento sobre mi cara, me tenso contra él. Siento que me despeina y me hace retroceder cuando camino. Mis niños cierran los ojos, abren sus brazos y vuelan con él, hasta que caen en tierra riéndose.

Cuando rezo, yo digo a Ti y Tú y otórgame esto, dame eso. Mis niños dicen, "Hola, Dios! Gracias por mis juguetes y mis amigos. Por favor aléjeme de los malos sueños esta noche. Discúlpeme pero no quiero ir al Cielo todavía. Extrañaría a mi Mami y Papi."

Cuando veo un charco de fango, me paro a un lado de él. Veo zapatos enlodados y alfombras sucias. Mis niños se sientan en él. Ellos ven represas para construir, ríos para cruzar y gusanos con los cuales jugar.

¿Me pregunto si se nos dan niños para que les enseñemos o para que aprendamos de ellos?



martes, 7 de mayo de 2019

Los humanos con una sola ala



Un día un ángel se arrodilló a los pies de Dios y habló:

—Señor, visité toda tu creación. Fui a todos los cantos. Estuve en todos los lugares. Vi que eres parte de todas las cosas. Y por eso vine hasta Ti, Señor, para tratar de entender ¿por qué cada una de las personas sobre a tierra tiene apenas un ala? Los ángeles tenemos dos. Podemos ir hasta el Amor que el Señor representa siempre que lo deseamos. Podemos volar hacia la libertad siempre que queramos. Pero los humanos con su única ala no pueden volar. No podrán volar con apenas un ala...

Dios respondió:
—Sí, Yo sé eso. Sé que hice a los humanos solamente con un ala...

Intrigado el ángel quería entender y preguntó: —Pero, por qué el Señor dio a los hombres solamente un ala cuando son necesarias dos alas para que puedan volar?

Sin prisa, Dios respondió:
—Ellos pueden volar sí, mi ángel. Di a los humanos apenas una sola ala para que ellos pudiesen volar más y mejor que Yo o vuestros Arcángeles. Para volar, mi pequeño amigo, tú precisas de tus dos alas. Y aunque libre, tú estás solo... Mas los humanos... los humanos con su única ala precisaran siempre dar las manos a alguien a fin de tener sus dos alas. Cada uno ha de tener un par de alas... Cada uno ha de buscar su segunda ala en alguien, en algún lugar del mundo... para que se complete su par. Así todos aprenderán a respetarse y a no quebrar la única ala de la otra persona, porque pueden estar acabando con sus propias chances de volar. Así, mi ángel, ellos aprenderán a amar verdaderamente a la otra persona... Aprenderán que solamente permitiéndose amar ellos podrán volar. Tocando el corazón de otra persona ellos podrán encontrar el ala que les falta y podrán finalmente volar. Solamente a través del amor podrán llegar hasta donde Yo Estoy... así como lo haces tú, mi ángel. Y ellos nunca, nunca estarán solitarios al volar.



jueves, 2 de mayo de 2019

La Forja del Alma



Lynell Waterman cuenta la historia del herrero que, después de una juventud llena de excesos, decidió entregar su alma a Dios. Durante muchos años trabajando ahincadamente, practicaba la caridad, pero, a pesar de todas su dedicaciones nada perecía andar bien en su vida, muy por el contrario, sus problemas y sus deudas se acumulaban día a día. Una hermosa tarde un amigo que lo visitaba, y que sintió compasión por su situación, le comentó:

—Realmente es muy extraordinario que justamente después de haber decidido volverte un hombre temeroso de Dios, tu vida haya comenzado a empeorar. No deseo debilitar tu fe, pero a pesar de tus creencias en el mundo espiritual, nada ha mejorado.

El herrero no respondió en seguida pues ya había pensando en eso muchas veces, sin entender lo que acontecía con su vida, sin embargo, como no deseaba dejar al amigo sin respuesta, comenzó a hablar, y terminó por encontrar la explicación que buscaba. He aquí lo que dijo el herrero:

—En este taller yo recibo el acero así, sin trabajar, y debo transformarlo en espadas. —¿Sabes tú cómo se hace esto?
—Primero, caliento la chapa de acero a un calor infernal, hasta que se pone al rojo vivo. Enseguida, sin ninguna piedad, tomo el martillo muy pesado y le aplico varios golpes, hasta que la pieza adquiere la forma deseada. Luego la sumerjo en un balde de agua fría y el taller entero se llena con el ruido el vapor, porque la pieza estalla y grita a causa del violento cambio de temperatura. Tengo que repetir este proceso hasta obtener la espada perfecta: una sola vez no es suficiente.

El herrero hizo una larga pausa, y siguió:
—A veces el acero que llega a mis manos no logra soportar este tratamiento. El calor, los martillazos y el agua fría terminan por llenarlo de rajaduras. En ese momento, me doy cuenta de que jamás he de transformarlo en una buena hoja de espada. Y entonces, simplemente lo dejo en la montaña de fierro viejo que ves a la entrada de mi herrería.

Hizo otra pausa más y el herrero terminó:
—Sé que Dios me está colocando en el fuego de las aflicciones. Acepto los martillazos que la vida me da, y a veces me siento tan frío e insensible como el agua que hace sufrir al acero. Pero la cosa que pienso es: "Dios mío, no desistas hasta que yo consiga tomar la forma que Tú esperas de mí. Inténtalo de la manera que te parezca mejor, por el tiempo que quieras —pero nunca me pongas en la montaña de fierro viejo de las almas."



sábado, 27 de abril de 2019

El Paquete de Galletas



Una noche estaba una mujer en un aeropuerto esperando varias horas antes de que partiera su propio vuelo. Mientras esperaba compró un libro y un paquete de galletas para pasar el tiempo. Buscó asiento y se sentó a esperar. Estaba muy absorta leyendo su libro, cuando de repente notó que el joven que se había sentado a su lado estiraba la mano, con mucha frescura agarraba despreocupadamente del paquete de galletas que estaba entre ellos y comenzaba a comerlas, una a una. No queriendo hacer una escena ella trató de ignorarlo. Un poco molesta la señora comía las galletas y miraba el reloj, mientras que el joven ladrón de galletas, sin vergüenza casi también se las estaba acabando. La señora se empezó a irritar más y pensaba para sí misma:

"Si no fuese yo tan buena y educada, ya le hubiera dejado un moretón en el ojo a este atrevido".

Cada vez que ella comía una galleta, él también se comía otra. El diálogo de sus miradas continuaba cuando se quedaba una, se preguntaban quién lo haría. Con suavidad y con una sonrisa nerviosa, el joven alargó la mano, tomó la última galleta, la partió en dos y le ofreció la mitad a la señora mientras se comía la otra mitad. Ella tomó media galleta bruscamente de su mano y pensaba:

"¡Qué hombre más insolente! ¡Qué mal educado! ¡Ni siquiera me dio las gracias! Nunca antes había conocido a alguien tan fresco..."

Suspiró con ansias cuando su vuelo fue anunciado. Tomó sus maletas y se dirigió a la puerta de embarque rehusándose a mirar en dirección en donde estaba sentado aquel ladrón ingrato. Después de haber abordado el avión y de estar sentada confortablemente, buscó otra vez su libro que ya casi había terminado de leer. Al buscar su libro dentro su bolsa se quedó talmente sorprendida cuando encontró el paquete de galletas casi intacto.

"Si mis galletas están aquí", ella pensó y apesadumbrada, "las otras eran suyas, y trató de compartirlas conmigo."

Demasiado tarde para pedirle disculpas al joven, se dijo lenta con mucho pesar, que ella había sido la insolente, la mal educada, la ladrona y no lo sabía



sábado, 20 de abril de 2019

El Valor de la Mujer



Un forastero que andaba en busca de las cosas divinas le preguntó al Maestro cómo podría, cuando regresara a su país, distinguir entre un verdadero maestro y uno falso.

El Maestro le dijo:
—El bueno propone prácticas; el mal maestro propone teorías.
—Pero, ¿cómo podré distinguir entre una práctica buena y una práctica mala?
—Del mismo modo que un agricultor distingue entre un cultivo bueno y un cultivo malo.


sábado, 13 de abril de 2019

No discutas con los niños



Una niñita le estaba hablando de las ballenas a su maestra. La profesora dijo que era físicamente imposible que una ballena se tragara a un ser humano porque aunque era un mamífero muy grande su garganta era muy pequeña. La niña afirmó que Jonás había sido tragado por una ballena.

Irritada, la profesora le repitió que una ballena no podía tragarse ningún humano; físicamente era imposible. La niñita dijo:

—Cuando llegue al cielo le voy a preguntar a Jonás.
La maestra le preguntó:
— ¿Y qué pasa si Jonás se fue al infierno?
La niña le contestó:
—Entonces le toca a usted preguntarle.

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Una maestra de Jardín Infantil estaba observando a los niños de su clase mientras dibujaban. Ocasionalmente se paseaba por el salón para ver los trabajos de cada niño. Cuando llegó a donde una niñita trabajaba diligentemente, le preguntó qué estaba dibujando. La niña replicó:

—Estoy dibujando a Dios.
La maestra se detuvo y dijo:
—Pero nadie sabe cómo es Dios.
Sin pestañear, y sin levantar la vista de su dibujo, la niña contestó:
—Lo sabrán dentro de un minuto.

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Una honesta niña de siete años admitió calmadamente a sus papás que Luis Miguel la había besado después de la clase.

— ¿Cómo sucedió eso?, preguntó asombrada su mamá.
—No fue fácil, admitió la pequeña señorita, pero tres niñas me ayudaron a agarrarlo.

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Un día una niñita estaba sentada observando a su mamá lavar los platos en la cocina. De pronto notó que su mamá tenía varios cabellos blancos que sobresalían entre su cabellera oscura. Miró a su mamá y le preguntó inquisitivamente:

—¿Por qué tienes algunos cabellos blanco, mami?
Su mamá le contestó:
—Bueno, cada vez que haces algo malo y me haces llorar o me pones triste, uno de mis cabellos se pone blanco.

La niñita digirió esta revelación por un rato y luego dijo:
—Mami, ¿por qué TODOS los cabellos de mi abuelita están blancos?

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Un niñito de tres años fue con su papá a ver una camilla de gatitos recién nacidos. De regreso a casa, le informó apresuradamente a su mamá que había dos gatitos y dos gatitas.

— ¿Cómo supiste? —le preguntó su mamá.
—Papá los levantó y miró por debajo —replicó el niño—. Creo que allí tienen la etiqueta.

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Todos los niños habían salido en la fotografía y la maestra estaba tratando de persuadirlos a cada uno de comprar una copia de la fotografía del grupo.

—Imagínense qué bonito será cuando ya sean grandes todos y digan: allí está Catalina, es abogada; o también ese es Miguel, ahora es doctor.

Sonó una vocecita desde atrás del salón:

—Y allí está la maestra. Ya se murió.



lunes, 18 de marzo de 2019

No esperes demasiado para decir lo que sientes



Había una vez un chico que nació enfermo. Una enfermedad que no tenía cura. Con 17 años y podría morir en cualquier momento. Siempre vivió en su casa, bajo el cuidado de su madre. Ya estaba harto y decidió salir sólo por una vez. Le pidió permiso a su madre y ella aceptó. Caminando por su manzana vio muchas tiendas. Al pasar por una tienda de música y ver el aparador, notó la presencia de una niña muy tierna de su edad.

Fue amor a primera vista. Abrió la puerta y entró sin mirar nada que no fuera ella. Acercándose poco a poco llegó al mostrador donde se encontraba ella. Ella lo miró y le dijo sonriente:

—¿Te puedo ayudar en algo?

Mientras él pensaba que era la sonrisa más hermosa que había visto en toda su vida, sintió deseos de besarla en ese mismo instante. Tartamudeando le dijo:

—Sí, eeehhh, uuuhhh... me gustaría comprar un CD.

Sin pensar, tomó el primero que vio y le dio el dinero.

—¿Quieres que te lo envuelva?, preguntó la niña sonriendo de nuevo.

Él respondió que sí, moviendo la cabeza; y ella fue al almacén para volver con el paquete envuelto y entregárselo. Él lo tomó y salió de la tienda. Se fue a su casa, y desde ese día en adelante visitó la tienda todos los días para comprar un CD. Siempre se los envolvía la niña para luego llevárselos a su casa y meterlos en su armario.

Él era muy tímido para invitarla a salir y aunque trataba, no podía. Su mamá se enteró de esto e intentó animarlo a que se atreviera, así que al siguiente día se armó de coraje y se dirigió a la tienda.

Como todos los días compró otra vez un CD, y como siempre, ella se fue atrás para envolverlo. Él tomó el CD; y mientras ella no estaba viendo, rápidamente dejo su teléfono en el mostrador y salió corriendo de la tienda.

¡¡¡Ringggg!!! Su mama contestó:

—¿Bueno? Era la niña, pregunto por su hijo, y la madre desconsolada comenzó a llorar mientras decía:

—¿Que, no sabes?...murió ayer.

Hubo un silencio prolongado, excepto los lamentos de la madre. Más tarde; la mamá entró en el cuarto de su hijo para recordarlo. Ella decidió empezar por ver su ropa, así que abrió su armario. Para su sorpresa se topó con montones de CDs envueltos. Ni uno estaba abierto.

Le causó curiosidad ver tantos y no se resistió; tomó uno y se sentó sobre la cama para verlo; al hacer esto, un pequeño pedazo de papel salió de la cajita plástica. La mamá lo recogió para leerlo y decía:

"¡¡¡Hola!!!, estás súper guapo, ¿quieres salir conmigo? TQM....Sofía.

De tanta emoción la madre abrió otros y otros pedazos de papel en varios CD; y estos decían lo mismo....

Moraleja:

Así es la vida, no esperes demasiado para decirle a ese alguien especial lo que sientes. Díselo hoy. Mañana puede ser muy tarde. 



jueves, 14 de marzo de 2019

El niño y el Yogui



Un niño de corta edad jugaba con un barquito en un estanque. Estaba totalmente absorto en su juego. Un yogui que pasaba por el lugar se acercó a él y comenzó a hablarle y hacerle preguntas. El niño estaba ensimismado con las evoluciones del barquito sobre las aguas que ni siquiera reparó en la presencia del adulto.

Entonces el yogui se postró ante él y dijo:

—Tú eres mi maestro. Ojalá que cada vez que me siente a meditar pueda estar tan concentrado como tú dirigiendo mis pensamientos al Ser Supremo y que, como te sucede a ti, nada pueda distraerme.



lunes, 11 de marzo de 2019

Escucha al Crítico, pero.



A un individuo dotado de auténtico espíritu emprendedor pero al que desalentaban las frecuentes críticas que se le hacían, le dijo el Maestro: "Escucha las palabras del crítico que te revelarán lo que tus amigos tratan de ocultarte".

Y añadió: "Pero no te dejes abrumar por lo que el crítico diga. Nunca se ha erigido una estatua en homenaje a un crítico. Las estatuas son para los criticados".


jueves, 7 de marzo de 2019

Las Siete Maravillas del Mundo



Un grupo de estudiantes de Geografía estudiaba las siete maravillas del mundo. Al término de la clase se les pidió hacer una lista de las que ellos consideraban deberían ser realmente las Siete Maravillas del Mundo.

A pesar de algunos desacuerdos, la mayoría votó por lo siguiente: Las Pirámides de Egipto, El Taj Mahal, El Gran cañón, El Canal de Panamá, El Empire State, La Basílica de San Pedro, La Muralla China.

Mientras se hacía la votación el maestro notó que una estudiante permanecía aún callada y no había entregado aún su lista. Así que le preguntó si tenía problema para hacer aún su elección. La muchacha tímidamente respondió:

—Sí, un poco. No podía decidirme pues son tantas las maravillas.

El maestro dijo: —Bueno, dinos lo que haz escrito y tal vez podamos ayudarte.

La muchacha titubeó y después leyó: —Creo que las Siete Maravillas son: Poder tocar, poder saborear, poder ver, poder escuchar...

Titubeando un poco continuó: —Poder sentir, poder reír y... poder amar.

Al terminar de leerlas el salón de clase quedó en un silencio absoluto.



lunes, 4 de marzo de 2019

El Muchachito de Mal Carácter



Esta es la historia de un muchachito que tenía muy mal carácter. Su padre le dio una bolsa de clavos y le dijo que cada vez que perdiera la paciencia, debería clavar un clavo detrás de la puerta. El primer día, el muchacho clavo 37 clavos detrás de la puerta. Las semanas que siguieron, a medida que él aprendía a controlar su genio, clavaba cada vez menos clavos detrás de la puerta. Descubrió que era más fácil controlar su genio que clavar clavos detrás de la puerta.

Llegó el día en que pudo controlar su carácter durante todo el día. Después de informar a su padre, éste le sugirió que retirara un clavo cada día que lograra controlar su carácter. Los días pasaron y el joven pudo anunciar a su padre que no quedaban más clavos para retirar de la puerta.

Su padre lo tomo de la mano y lo llevo hasta la puerta. Le dijo:

—Has trabajado duro, hijo mío, pero mira todos esos hoyos en la puerta. Nunca más será la misma. Cada vez que tú pierdes la paciencia, dejas cicatrices exactamente como las que aquí ves.


martes, 26 de febrero de 2019

El Secreto de la Felicidad



Cierto mercader envió a su hijo con el más sabio de todos los hombres para que aprendiera el Secreto de la Felicidad. El joven anduvo durante cuarenta días por el desierto, hasta que llegó a un hermoso castillo, en lo alto de la montaña. Allí vivía el sabio que buscaba.

Sin embargo, en vez de encontrar a un hombre santo, nuestro héroe entró en una sala y vio una actividad inmensa; mercaderes que entraban y salían, personas conversando en los rincones, una pequeña orquesta que tocaba melodías suaves y una mesa repleta de los más deliciosos manjares de aquella región del mundo.

El sabio conversaba con todos, y el joven tuvo que esperar dos horas para que lo atendiera. El sabio escuchó atentamente el motivo de su visita, pero le dijo que en aquel momento no tenía tiempo de explicarle el Secreto de la Felicidad. Le sugirió que diese un paseo por su palacio y volviese dos horas más tarde.

—Pero quiero pedirte un favor —añadió el sabio entregándole una cucharita de té en la que dejó caer dos gotas de aceite—. Mientras caminas, lleva esta cucharita y cuida que el aceite no se derrame.

El joven comenzó a subir y bajar las escalinatas del palacio manteniendo siempre los ojos fijos en la cuchara. Pasadas las dos horas, retornó a la presencia del sabio.

—¿Qué tal? —preguntó el sabio— ¿Viste los tapices de Persia que hay en mi comedor? ¿Viste el jardín que el Maestro de los Jardineros tardó diez años en crear? ¿Reparaste en los bellos pergaminos de mi biblioteca?

El joven avergonzado, confesó que no había visto nada. Su única preocupación había sido no derramar las gotas de aceite que el Sabio le había confiado.

—Pues entonces vuelve y conoce las maravillas de mi mundo, dijo el Sabio. No puedes confiar en un hombre si no conoces su casa.

Ya más tranquilo, el joven tomó nuevamente la cuchara y volvió a pasear por el palacio, esta vez mirando con atención todas las obras de arte que adornaban el techo y las paredes.

Vio los jardines, las montañas a su alrededor, la delicadeza de las flores, el esmero con que cada obra de arte estaba colocada en su lugar. De regreso a la presencia del Sabio, le relató detalladamente todo lo que había visto.

—¿Pero dónde están las dos gotas de aceite que te confié?, preguntó el Sabio. El joven miró la cuchara y se dio cuenta de que las había derramado.

—Pues éste es el único consejo que puedo darte —le dijo el más Sabio de todos los Sabios—. El Secreto de la Felicidad está en mirar todas las maravillas del mundo, pero sin olvidarse nunca de las dos gotas de aceite en la cuchara.



sábado, 23 de febrero de 2019

Las cuatro esposas



Había una vez un rey que tenía cuatro esposas. Él amaba a su cuarta esposa más que a las demás y la adornaba con ricas vestiduras y la complacía con las delicadezas más finas. Sólo le daba lo mejor.

También amaba mucho a su tercera esposa y siempre la exhibía en los reinos vecinos. Sin embargo, temía que algún día ella se fuera con otro.

También amaba a su segunda esposa. Ella era su confidente y siempre se mostraba bondadosa, considerada y paciente con él. Cada vez que el rey tenía un problema, confiaba en ella para ayudarle a salir de los tiempos difíciles.

La primera esposa del rey era una compañera muy leal y había hecho grandes contribuciones para mantener tanto la riqueza como el reino del monarca. Sin embargo, él no amaba a su primera esposa y aunque ella le amaba profundamente, apenas si él se fijaba en ella.

Un día el rey enfermó y se dio cuenta que le quedaba poco tiempo. Pensó acerca de su vida de lujo y caviló: "Ahora tengo cuatro esposas conmigo pero, cuando muera, estaré solo." Así que le preguntó a su cuarta esposa: "Te he amado más que a las demás, te he dotado con las mejores vestimentas y te he cuidado con esmero. Ahora que estoy muriendo, ¿estarías dispuesta a seguirme y ser mi compañía?" "¡Ni pensarlo!", contestó la cuarta esposa y se alejó sin decir más palabras. Su respuesta penetró en su corazón como un cuchillo filoso.

El entristecido monarca le preguntó a su tercera esposa: "Te he amado toda mi vida. Ahora que estoy muriendo, ¿estarías dispuesta a seguirme y ser mi compañía?" "¡No!", contestó su tercera esposa. "¡La vida es demasiado buena! Cuando mueras, pienso volverme a casar!" Su corazón experimentó una fuerte sacudida y se puso frío.

Entonces preguntó a su segunda esposa: "Siempre he venido a ti por ayuda y siempre has estado allí para mí. Cuando muera, ¿estarías dispuesta a seguirme y ser mi compañía?" "Lo siento, ¡no puedo ayudarte esta vez!", contestó la segunda esposa. "Lo más que puedo hacer por ti es enterrarte". Su respuesta vino como un relámpago estruendoso que devastó al rey.

Entonces escuchó una voz: "Me iré contigo y te seguiré doquiera tus vayas". El rey dirigió la mirada en dirección de la voz y allí estaba su primera esposa. Se veía tan delgaducha, sufría de desnutrición. Profundamente afectado, el monarca dijo: "Debí haberte atendido mejor ¡cuando tuve la oportunidad de hacerlo!"

En realidad, todos tenemos cuatro esposas en nuestras vidas. Nuestra cuarta esposa es nuestro cuerpo. No importa cuanto tiempo y esfuerzo invirtamos en hacerlo lucir bien, nos dejara cuando muramos.

Nuestra tercera esposa es nuestras posesiones, condición social y riqueza. Cuando muramos, irán a parar a otros.

Nuestra segunda esposa es nuestra familia y amigos. No importa cuanto nos hayan sido de apoyo a nosotros aquí, lo más que podrán hacer es acompañarnos hasta el sepulcro.

Y nuestra primera esposa es nuestro espíritu, frecuentemente ignorado en la búsqueda de la fortuna, el poder y los placeres del ego. Sin embargo, nuestro espíritu es lo único que nos acompañará doquiera que vayamos.