jueves, 21 de septiembre de 2017

Anchorena y Kavanagh



DOS VERSIONES DE UNA HISTORIA DE AMOR ARGENTINO

Dicen que en nombre del amor se han hecho enormes proezas en el mundo, se han perdido grandes fortunas, se han sacrificado a la miseria y se han apagado muchas vidas. Esta tal vez sea una de las historias que, más allá de ser o no un mito, sirve como ejemplo de lo que encienden en los seres humanos las pasiones erradas.

Esta historia demuestra el enfrentamiento de dos familias, una perteneciente a los sectores patricios de Bueno Aires y otra una familia burguesa, en otras palabras los Anchorena y los Kavanagh. Como producto de este enfrentamiento, se construyó en 1935, el edificio Kavanagh, uno de los más famosos de la ciudad de Buenos Aires admirado por todo el mundo, por su arquitectura y sus detalles lujosos.

Ahora bien, veamos detenidamente un poco de la historia familiar de esta familia patricia que no era tan patricia a comienzos del siglo XIX. El primer Anchorena llegó a estas tierras, en 1750, tenía como único capital su talento, su férrea voluntad, su ingenio y su sudor. Se llamaba Juan Esteban Anchorena. De este modo, mediante sus negocios mercantiles ganó mucho dinero. Esta pequeña fortuna le permitió acceder a la mano de una hermosa mujer de orígenes nobiliarios, perteneciente a la elite rioplatense, que atravesaba dificultades económicas.


De esta manera, se unió alcurnia y dinero salvaguardando a las dos familias, una práctica común en ese momento histórico. La dama se llamaba Romana López de Anaya y Gárniz de las Cuevas. Incluso, al introducirse dentro de las redes de las familias notables de Buenos Aires, le permitió acrecentar sus contactos y consiguientemente, extender sus negocios. Esteban se convirtió en un gran empresario, unido a una nueva condición social. Dos años antes de la Revolución de Mayo, Esteban fallece, dejando una fortuna muy grande a sus descendientes.

Ellos seguirían multiplicándola y, después de la Independencia los que lucían el apellido eran los dueños de una enorme cantidad de tierras, ya que se habían volcado hábilmente a la inversión rural. Ahora bien, en 1912, Mercedes Castellanos de Anchorena, hace construir sobre calle San Martín al 1000, la basílica del Santísimo Sacramento. De más está decir, que Mercedes era fervientemente católica y poseía mucho dinero. La basílica tardo cuatro años en construirse. El altar se hizo de oro y plata en su mayor parte, en especial la custodia. En esta construcción abunda el mármol italiano, mosaicos venecianos, bronce, vitrales finísimos, granito y roble. Mercedes quería construir una “casa del señor” y además utilizarlo como lugar para que reposaran los restos de la familia desde ese momento. La familia Anchorena vivía en Palacio San Martín, un edificio fastuoso que desde 1936, comenzó a funcionar como el edificio de la Cancillería.

Esta historia de enfrentamiento entre familias quizás sea sólo un mito que circula por algunos espacios… se dice que en los años 30, Corina Kavanagh, tenía un romance con un hijo de Mercedes, romance que no aprobaba porque Corina provenía de una familia adinerada pero sin orígenes patricios. La paradoja reside en que el apellido Anchorena tampoco era aristócrata, sino que supo casarse con una familia que sí lo era en el siglo XVIII. Más de un siglo después todo se revierte y para mal.

La oposición rotunda de Doña Mercedes produjo que los jóvenes se separan. Satisfecha, puso sus energías en un proyecto que era su sueño más dorado: comprar la casona y edificar allí un gran templo, que funcionara como una extensión de su propio palacio. Sin embargo, aunque el terreno estaba en venta, Mercedes no pudo lograr su propósito, ya que Corina, enterada del sueño de su “suegra”, compró el lote y contrato a los mejores arquitectos para que construyeran un edificio de hormigón armado de 120 metros de altura, evitando que la Basílica pueda ser vista de frente, desde cualquier punto, pero especialmente desde un palacete del otro lado de la plaza San Martín.

De esta forma se construyó el edificio Kavanagh, uno de los más famosos de Buenos Aires. Está ubicado en Retiro, uniendo con un pasaje las calles Florida y San Martín, frente a la plaza del mismo nombre. Fue construido en sólo catorce meses, entre 1934 y 1936, y aquello fue un acontecimiento ya que, por entonces, con sus 120 metros era el edificio más alto de Latinoamérica, la construcción de hormigón armado más alta del mundo y el primero del planeta en ser poseedor de aire acondicionado central en todos los departamentos. Corina se reservó el piso 14 que ocupa toda una planta. El estudio de arquitectos Sánchez, Lagos y De la Torre basó sus cimientos en 2.400 metros cuadrados para construir sobre ellos ese edificio de 32 pisos que tiene una superficie construida de 29.000. Los 107 departamentos son espaciosos y, una curiosidad, no hay dos iguales.

Algunos desestiman esta historia, ya que Mercedes Anchorena murió en 1920, pero como se expresó al comienzo del apartado puede ser un mito. No obstante, más allá de la veracidad de esta historia, lo cierto es que el único lugar desde donde es posible ver de frente la maravillosa basílica del Santísimo, es la entrada por la calle San Martín al pasaje que une al edificio con el hotel Plaza. Este pequeño pasaje se llama Corina Kavanagh, ¿una asombrosa coincidencia?

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