sábado, 13 de abril de 2019

No discutas con los niños



Una niñita le estaba hablando de las ballenas a su maestra. La profesora dijo que era físicamente imposible que una ballena se tragara a un ser humano porque aunque era un mamífero muy grande su garganta era muy pequeña. La niña afirmó que Jonás había sido tragado por una ballena.

Irritada, la profesora le repitió que una ballena no podía tragarse ningún humano; físicamente era imposible. La niñita dijo:

—Cuando llegue al cielo le voy a preguntar a Jonás.
La maestra le preguntó:
— ¿Y qué pasa si Jonás se fue al infierno?
La niña le contestó:
—Entonces le toca a usted preguntarle.

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Una maestra de Jardín Infantil estaba observando a los niños de su clase mientras dibujaban. Ocasionalmente se paseaba por el salón para ver los trabajos de cada niño. Cuando llegó a donde una niñita trabajaba diligentemente, le preguntó qué estaba dibujando. La niña replicó:

—Estoy dibujando a Dios.
La maestra se detuvo y dijo:
—Pero nadie sabe cómo es Dios.
Sin pestañear, y sin levantar la vista de su dibujo, la niña contestó:
—Lo sabrán dentro de un minuto.

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Una honesta niña de siete años admitió calmadamente a sus papás que Luis Miguel la había besado después de la clase.

— ¿Cómo sucedió eso?, preguntó asombrada su mamá.
—No fue fácil, admitió la pequeña señorita, pero tres niñas me ayudaron a agarrarlo.

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Un día una niñita estaba sentada observando a su mamá lavar los platos en la cocina. De pronto notó que su mamá tenía varios cabellos blancos que sobresalían entre su cabellera oscura. Miró a su mamá y le preguntó inquisitivamente:

—¿Por qué tienes algunos cabellos blanco, mami?
Su mamá le contestó:
—Bueno, cada vez que haces algo malo y me haces llorar o me pones triste, uno de mis cabellos se pone blanco.

La niñita digirió esta revelación por un rato y luego dijo:
—Mami, ¿por qué TODOS los cabellos de mi abuelita están blancos?

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Un niñito de tres años fue con su papá a ver una camilla de gatitos recién nacidos. De regreso a casa, le informó apresuradamente a su mamá que había dos gatitos y dos gatitas.

— ¿Cómo supiste? —le preguntó su mamá.
—Papá los levantó y miró por debajo —replicó el niño—. Creo que allí tienen la etiqueta.

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Todos los niños habían salido en la fotografía y la maestra estaba tratando de persuadirlos a cada uno de comprar una copia de la fotografía del grupo.

—Imagínense qué bonito será cuando ya sean grandes todos y digan: allí está Catalina, es abogada; o también ese es Miguel, ahora es doctor.

Sonó una vocecita desde atrás del salón:

—Y allí está la maestra. Ya se murió.



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