lunes, 11 de septiembre de 2017

Bernardino Rivadavia y Juana del Pino



El 29 de mayo de 1780 nació Bernardino Rivadavia. Comenzó sus estudios en el Colegio San José de San Carlos en 1798, donde estudió Gramática, Filosofía y Teología. Hacia 1806 aproximadamente, bajo el contexto de las invasiones inglesas, Rivadavia se incorpora a las milicias, bajo el grado de Capitán en el cuerpo de “gallegos”.

El 14 de agosto de 1809, Rivadavia contrae matrimonio con una joven distinguida de la elite porteña: Juana del Pino y Balbastro. Juana era hija de Joaquín del Pino, octavo virrey del Río de la Plata. Ahora bien, ¿cómo comenzó este romance entre estos dos personajes?

A los quince años Juana se trasladó con su familia desde Montevideo a Buenos Aires, porque su padre había sido designado Virrey del Río de la Plata en el año 1801. Juana conoció a Bernardino en una de las ceremonias que organizaba su padre, anualmente Joaquín del Pino recibía a los doce mejores alumnos del Real Colegio de San Carlos. Allí, los alumnos daban sus respetos al virrey y compartían la tertulia con su familia, entre ellos estaba Bernardino. Así, fue que Juana con 17 años y Rivadavia con 23 se conocieron.

De por sí Rivadavia no tenía un carácter alegre, por el contrario, era retraído, algunos lo definían como eternamente triste. Quizás esta personalidad apática se debía a su historia personal atravesada por las tragedias: su hermana mayor, Tomasa, había quedado ciega; su madre, doña Josefa había muerto cuando él tenía solo seis años; su padre, don Benito, se había casado nuevamente a poco de quedar viudo.

De esta forma, todas estas experiencias habían creado a un joven entristecido y de carácter amargo. Incluso, su aspecto físico tampoco lo beneficiaba, era regordete, petiso y para algunos “decididamente feo”, de tal manera que estas características físicas fueron el blanco perfecto para sus enemigos quienes lo apodaron como “El mulato”. Sin embargo, más allá de estas cuestiones poseía una “respetable cultura” para la época. Quizás, fue este capital cultural lo que conquisto a Juanita del Pino. Quizás también esta historia demuestra que el amor es “ciego” y algunas veces también “tonto”.

Estos jóvenes mantuvieron un romance aburrido y reglamentario durante seis años. Antes de casarse, Joaquín del Pino fallece. Un año después, la joven pareja se unía en matrimonio. Muy pronto, nació su primer hijo, Benito. Luego, nacería Constanza, en 1812 y Bernardino Donato en 1814. Al poco tiempo, Rivadavia viaja a Londres para gestionar negocios del Estado. De esta forma, Juana del Pino se queda sola, muy enamorada, comienza a sentirse abandonada por su reciente esposo. A través de las cartas que le enviaba a Bernardino da cuenta del temor que tenia ante la situación tensa de la política internacional. Su esposo hace caso omiso: comunicándole que viajará de Londres a Francia.

Ante el desprecio de su esposo, Juana llora a escondidas. Pero su tristeza no acabará en este hecho, en 1816 muere su madre y su hija Constanza de cuatro años, mientras que Rivadavia se entretiene con negociaciones diplomáticas en el viejo mundo, sabiendo la terrible noticia. Ni siquiera la declaración de la Independencia hace que vuelva. Abandonada, intenta reunirse con su esposo pidiendo al director Juan Martín de Pueyrredón, viajar a Europa con sus hijos. No obstante, este pedido es desestimado por falta de fondos. Incluso, el gobierno central le recorta la pensión que recibía como esposa de funcionario trabajando en el exterior.

En vano fueron todos los reclamos a su esposo, al cual llamaba “hijito”, en una carta de 1819, le recuerda la situación de otros matrimonios que se han disuelto precisamente por estar tanto tiempo sin verse y le ruega que no ocurra lo mismo con ellos, ya que sigue muy enamorada. La batalla entre Juana y la política por la atención de Rivadavia, quizás terminó cuando éste se retiro oficialmente de la vida pública. Pero no es así, en 1829 viaja a Francia dejando a su familia en Buenos Aires, esto demuestra que este desprecio iba más allá. En su estadía por París, retoma su oficio de traductor: “La Democracia en América” de Tocqueville; “Los viajes” y “El arte de criar gusanos de seda” de Dándolo. En 1834, retorna a Buenos Aires, pero no puede desembarcar por una prohibición del gobierno de Viamonte, Juana y su hijo Martin que lo estaban esperando en el puerto, deciden subir al barco, sumándose al exilio de Bernardino. Sus hijos mayores, Benito y Bernardino, tienen otros planes: se han sumado a la causa federal y están luchando para que Juan Manuel de Rosas asuma definitivamente el poder.

Parte de la familia exiliada, se instalan en Colonia y luego pasan a Brasil, allí, debido a un accidente doméstico, Juana del Pino muere en diciembre de 1841. Ante este hecho, su hijo Martín, decide volver con sus hermanos y Rivadavia en 1842 parte hacia Cádiz. Esta relación tortuosa que mantuvo Bernardino con su esposa y sus hijos, quizás se deba a que nunca tuvo una familia, su historia personal cruzada por la muerte y el abandono de su padre es prueba de ello.

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