miércoles, 8 de marzo de 2017

Oksana Bondarchuk



Oksana Bondarchuk nació en junio de 1989 en Ucrania. Cuando vino al mundo, los médicos se quedaron atónitos. El bebé tenía las piernas y las manos notablemente deformes: no tenía pulgares ni uñas. Además, padecía una enfermedad en los riñones.


Todo apunta a que sus defectos de nacimiento fueron provocados por el desastre nuclear de Chernobyl, ocurrido tres años atrás. Los padres de Oksana se horrorizaron al ver los estragos de la exposición a la radiación en la salud de su hija. No se sentían capaces de darle la atención que necesitaba ni de afrontar todos los restos que les esperaban. Poco después de nacer, la pequeña fue entregada a un orfanato. Nunca volvió a ver a sus padres.


En los siete años que pasó en el orfanato, Oksana hubiera preferido que la ignoraran. En cambio, sufrió acoso por parte de los demás niños, pasó hambre, fue golpeada y abusaron de ella sexualmente. Parecía como si hubiera nacido para sufrir. Lo único que le infundió fuerzas para seguir adelante fue la esperanza de poder escapar del orfanato algún día y encontrar a una buena familia que la adoptara.


Incluso esta esperanza parecía muy poco realista. Nadie en la institución creía que alguien la adoptaría. Aunque estaba registrada en la base de datos de adopciones de todo el país, todos pensaban que era inútil. Pero, para su gran sorpresa, recibieron una llamada del otro lado del mundo. Gay Masters, una logopeda de Cincinnati (EE.UU.), estaba al otro lado del teléfono. Había visto la foto de Osksana y por alguna razón sentía que esa pequeña tenía que ser su hija.


Oksana tenía cinco años cuando vio a su futura madre por primera vez. Según las leyes ucranianas, hay que esperar dos años para concretar el proceso de adopción. Durante ese tiempo, Oksana vivió con el temor de que Gay no regresara nunca más. Pero Gay nunca se dio por vencida: con frecuencia, le enviaba fotos de su nueva casa, le escribía cartas, y se ocupó de tramitar la documentación necesaria.


No solo las autoridades de las instituciones de Ucrania estaban asombradas de la decisión de Gay. Todos sus conocidos en Cincinnati se preguntaban por qué no prefería adoptar a un bebé "saludable". Pero Gay estaba segura. Y su obstinación salvó la vida de Oksana.

Oksana tenía casi ocho años cuando por fin pudo viajar a EE. UU. Apenas alcanzaba los 35 kilos de peso. De pequeña, era capaz de caminar con las puntas de los pies, pero sus piernas se fueron debilitando y después de un tiempo fue incapaz de cargar su propio peso. Su nueva familia le ofreció los mejores cuidados. Los médicos lograron reconstruir sus manos, pero recomendaron amputarle ambas piernas para que pudiera tener una vida "más normal" con unas prótesis. Con solo nueve años, perdió la pierna izquierda, y un año después, la derecha.


Las operaciones tenían mucho riesgos, pero fueron todo un éxito, y Oksana aprendió rápidamente a moverse con sus nuevas piernas. Poco tiempo después, podía correr, patinar y montar en bicicleta. Después descubrió lo que se convertiría en su gran pasión: el remo. Entrenó muy duro y alcanzó un nivel tan bueno que fue seleccionada para el Equipo Americano Paralímpico.


Junto con su compañero, Rob Jones, ganó la medalla de bronce en 2012 en los Juegos Paralímpicos de Londres. Para entonces, aquella huérfana ya había crecido y se había convertido en una hermosa chica. Poco después de los Juegos, una revista deportiva le propuso posar desnuda. Las fotos captaron la atención en todo el mundo.

Oksana no tiene nada que esconder: su cuerpo es fuerte y hermoso. Además se siente segura de sí misma.


Solo dos años después, a los 25, obtuvo medallas de bronce y plata en esquí de fondo en los Juegos Paralímpicos de Invierno de Sochi. El mundo de los deportes no podía dejar de hablar de la talentosa atleta; su historia inspiró a millones de personas en todo el planeta.


Oksana nunca se dejó derrotar por sus dolorosos comienzos. Actualmente es considerada como una heroína nacional en Ucrania. En 2015 viajó al país para visitar y animar a los soldados heridos. También hizo una parada en un orfanato y pasó un buen rato con los niños.


Cuando uno echa un vistazo a las redes sociales de Oksana, nunca pensaría la pesadilla que dejó atrás. Gay Masters le dio una segunda oportunidad a esta pequeña huérfana, que además de sufrir el abandono de sus padres por ser minusválida, fue víctima de abuso sexual. Oksana, por su parte, ha decidido seguir su camino sin mirar atrás. Estamos seguros de que seguirá cosechando grandes triunfos, ¡tiene toda la vida por delante!



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